El agua que penetra bajo el glaciar Thwaites obliga a mirar una frontera más compleja de lo previsto. Un estudio divulgado por la NASA muestra que representar ese contacto como una zona, en lugar de una línea, cambia su contribución calculada al aumento del mar.

Intrusión marina bajo el hielo: esquema conceptual del mecanismo. Fuente: NASA, 20 de octubre. Ilustración e infografía original.
La investigación fue publicada el 12 de octubre en Nature Communications y difundida por la agencia estadounidense este martes 20. No registra un colapso recién ocurrido: desarrolla simulaciones para explorar cómo un proceso oculto bajo el hielo modifica el comportamiento futuro del glaciar antártico occidental. 12
La diferencia interesa más allá de la Antártida porque el hielo terrestre perdido puede añadir agua al océano. Sin embargo, el resultado no representa toda la subida del mar ni pronostica la altura que alcanzará en una playa mexicana.
Son preguntas relacionadas, pero requieren evidencias diferentes.
El contacto entre hielo y mar ocupa una zona
Thwaites se desplaza sobre un lecho y llega al océano. Allí cambia la relación entre el hielo apoyado y el que flota. El trabajo divulgado por NASA incorpora la penetración marina que puede levantar hielo con las mareas y modificar ese contacto. 1
Dibujar una línea facilita representar una frontera, pero puede ocultar un proceso extendido. Si el agua alcanza diferentes posiciones durante la marea, la transición tiene anchura y movimiento. Esa geometría importa porque el contacto con el lecho influye en la resistencia al desplazamiento del hielo.
El problema científico consiste en decidir cuánta complejidad es necesaria para describir ese comportamiento. Un modelo no reproduce cada detalle del glaciar: selecciona procesos y establece relaciones calculables entre ellos.
La evaluación examina si esa representación explica observaciones relevantes y cómo cambian sus resultados al modificarla.
En este caso, la nueva descripción no significa que toda la modelación anterior careciera de valor. Identifica un mecanismo cuya representación puede mejorar y alterar proyecciones. El avance nace de comparar alternativas, no de reemplazar una certeza absoluta por otra igualmente definitiva.
La intrusión tampoco fue descubierta por primera vez este mes. Un estudio publicado en PNAS en 2024 utilizó radar interferométrico de satélites ICEYE, con observaciones de marzo a junio de 2023, para identificar migración mareal y penetración marina de escala kilométrica bajo Thwaites. 3
Esa evidencia observa cambios desde el espacio; no equivale a medir directamente cada corriente bajo el hielo. La distinción ayuda a entender cómo se construye el conocimiento: una señal permite inferir comportamientos físicos y después contrastarlos mediante otros datos y representaciones del sistema.
Las observaciones y las simulaciones cumplen funciones complementarias. Las primeras describen señales del comportamiento real dentro de sus posibilidades de medición. Las segundas permiten experimentar con hipótesis que no podrían probarse modificando un glaciar. Su fuerza aumenta cuando las comparaciones hacen visibles coincidencias y discrepancias.

Observaciones y simulaciones contrastan hipótesis; no eliminan incertidumbre. Fuente: Poinelli y colaboradores. Ilustración e infografía original.
Los datos históricos ponen a prueba la simulación
El equipo de Mattia Poinelli y sus colaboradores realizó 105 simulaciones y contrastó el periodo 1996–2023 mediante velocidad superficial, espesor y posición del contacto de apoyo. Son ejecuciones de un modelo del mismo sistema, no 105 glaciares independientes ni 105 estudios diferentes. 2
Comparar varios observables resulta importante porque un modelo puede aproximar un aspecto y fallar en otro. Reproducir una posición final no necesariamente explica cómo se alcanzó. Velocidad y espesor aportan preguntas adicionales sobre el movimiento y la transformación de la geometría del hielo.
La evaluación histórica permite detectar inconsistencias antes de interpretar el futuro. Si una representación no consigue describir cambios conocidos bajo sus propios supuestos, una proyección posterior necesita mayor cautela. Si logra acercarse, gana respaldo, aunque todavía deba afrontar condiciones que no han ocurrido.
Calibrar y predecir tampoco son actividades idénticas. Ajustar una representación con observaciones disponibles utiliza información ya conocida; anticipar una evolución exige aplicar relaciones físicas bajo condiciones futuras. La calidad del ajuste no elimina incertidumbres sobre procesos omitidos o sobre la evolución de sus condiciones.
NASA explica en sus materiales sobre aguas crecientes que combinar mediciones satelitales de altura y física ayuda a conectar cambios geométricos con masa de hielo. 4
Esa conexión evita interpretar una sola imagen como un balance completo: observar una forma no resuelve por sí mismo cuánto hielo se perdió.
El seguimiento necesita continuidad. Una comparación aislada puede coincidir con una variación transitoria; una secuencia permite examinar dirección y persistencia. Mantener observaciones también ayuda a identificar cuándo un modelo deja de representar adecuadamente un comportamiento y qué mecanismo requiere mayor atención.
La escala temporal debe conservarse al comunicar los resultados. Un periodo histórico de varias décadas y un cálculo hacia finales de siglo responden a preguntas diferentes. Presentar ambos como si fueran registros igualmente observados confundiría evidencia disponible con consecuencias calculadas bajo determinadas condiciones.

Contribuciones modeladas hacia 2100 bajo clima constante. Fuente: Poinelli y colaboradores, 12 de octubre de 2026. Ilustración e infografía original.
Los milímetros pertenecen a escenarios distintos
Bajo forzamiento climático constante, una zona de 3±1 kilómetros produjo una contribución modelada de 19.4±5.2 milímetros al nivel medio global hacia 2100; otra de 5±1 kilómetros produjo 30.1±5.7 milímetros. Son alternativas del estudio, no cantidades que deban sumarse. 2
La nota de la Universidad de California en Irvine también presenta el resultado de hasta unos treinta milímetros y su comparación con cálculos anteriores. Es divulgación del mismo trabajo y de sus participantes, no una réplica independiente que haya confirmado el resultado con otro experimento. 5
Treinta milímetros equivalen a tres centímetros. La conversión ayuda a imaginar una magnitud, pero no determina su impacto local. Para interpretarla importa recordar que corresponde a la contribución de un glaciar dentro de un océano que responde también a otros procesos y a condiciones regionales.
Mantener constante el forzamiento permite aislar una sensibilidad del modelo. No significa eliminar el calentamiento previo ni demostrar que las decisiones sobre emisiones resulten irrelevantes. El cálculo pregunta cómo se comporta una representación bajo una condición definida; no incorpora automáticamente cualquier trayectoria climática posible.
Los márgenes acompañan los valores porque el resultado no es una cifra exacta garantizada. Omitirlos transmitiría una precisión inexistente. Tampoco deben interpretarse sin revisar cómo fueron construidos: describen incertidumbre dentro del ejercicio y no necesariamente abarcan todos los procesos que el modelo deja fuera.
El artículo utiliza una longitud fija para la zona de intrusión y un frente fijo, además de simplificaciones de fusión e incertidumbre geométrica inicial. No resuelve completamente circulación oceánica ni desprendimiento de témpanos. 2 Esos límites importan al decidir qué conclusiones admite el cálculo.
Una simplificación no invalida automáticamente un experimento numérico. Puede permitir examinar un mecanismo con claridad. Su pertinencia depende de la pregunta y de cuánto alteraría el resultado un proceso excluido.
El paso siguiente consiste en comprobar esa sensibilidad, no en ocultarla ni convertirla en descalificación general.
El agua no actúa de una sola manera
En un comentario científico de agosto de 2024, Byron Parizek explicó que intrusión mareal, fusión y pérdida de fricción basal interactúan. También advirtió que canales y agua distribuida pueden producir efectos distintos sobre resistencia y movimiento.
Es una perspectiva anterior, no una reacción al artículo de 2026. 6
La observación introduce un matiz frente a una explicación demasiado sencilla. No basta imaginar agua como una capa uniforme que siempre produce el mismo efecto.
Su organización y conexión con otras partes del sistema pueden modificar la respuesta; medir esas diferencias ayuda a delimitar las representaciones plausibles.
Parizek no figura entre los seis autores del estudio reciente, aunque participa en el campo y reconoce colaboración con programas dedicados a Thwaites.
Su comentario aporta contraste conceptual, pero no debe presentarse como una auditoría neutral del nuevo modelo ni como una entrevista realizada para este reportaje. 6
El intercambio entre observación, física y cálculo permite formular mejores preguntas. Qué anchura alcanza la intrusión, cómo cambia con las mareas y qué propiedades del lecho importan son cuestiones que requieren mediciones.
La incertidumbre señala dónde producir evidencia, en lugar de reducir el problema a una disputa de opiniones.
También conviene separar hielo terrestre y marino. NASA explica que el hielo marino ya flota y desplaza agua, por lo que su fusión no añade directamente un aumento significativo equivalente al del hielo perdido desde tierra.
Las plataformas flotantes pueden influir indirectamente en el flujo glaciar. 7
Por esa razón, una imagen de un iceberg no demuestra por sí sola cuánto aumentará el mar. El desprendimiento forma parte de procesos naturales y necesita contexto.
El balance relevante considera procedencia de la masa, evolución del glaciar y relaciones con el océano, no solamente la espectacularidad visual.
Las ilustraciones también deben respetar esa diferencia. Un corte conceptual puede explicar contacto y penetración marina; una costa inundada sugeriría un resultado territorial que este trabajo no calculó.
La representación útil muestra el mecanismo y conserva visibles las condiciones bajo las que se obtuvo la proyección.
La media global no es la altura de cada puerto
NOAA distingue el promedio oceánico de los niveles relativos medidos respecto de tierra. Corrientes, subsidencia y cambios en elevación terrestre pueden modificar la experiencia local.
La expansión térmica del agua y la pérdida de hielo terrestre contribuyen al aumento global, pero sus efectos no son uniformes. 8
Una costa que se hunde puede experimentar cambios relativos diferentes de otra con terreno estable. Por eso la adaptación necesita observar tanto agua como tierra.
Trasladar directamente milímetros globales a una calle omite variables necesarias para explicar qué altura alcanza el agua respecto de sus construcciones.
El nivel de base también interactúa con eventos extremos. NOAA advierte que un mar más alto permite que marejadas alcancen más al interior. 8 Esa relación no autoriza a calcular una inundación particular sin datos sobre relieve, tormentas, defensas y condiciones propias del lugar.
La evaluación del IPCC publicada en 2021 ya señalaba diferencias regionales importantes en costas norteamericanas y limitaciones asociadas a subsidencia parcialmente representada. 9 Es contexto científico anterior, no una actualización de este martes ni una proyección específica generada para una localidad mexicana.
En México, el INECC describe su Atlas Nacional de Vulnerabilidad como una herramienta territorial para orientar adaptación y planeación. 10 Su función complementa otra pregunta: no modela Thwaites, sino que organiza información sobre exposición y vulnerabilidad que las decisiones locales necesitan considerar.
Para puertos, drenajes y uso del suelo, convertir conocimiento global en decisiones exige datos del territorio. Elevación, asentamiento y extremos aportan escalas distintas de la proyección glaciar.
Ningún resultado aislado autoriza por sí mismo una obra particular ni una estimación precisa de daños en una ciudad.
La diferencia entre un escenario de impacto y una proyección física ayuda a evitar otra confusión. El primero pregunta qué quedaría expuesto bajo un nivel hipotético; la segunda intenta estimar una evolución bajo supuestos.
Un estudio PNUD-INECC de 2016 exploró escenarios de elevación para territorio insular mexicano. Es un antecedente metodológico, no una predicción de que esos niveles se alcanzarán en una fecha determinada. Tampoco puede compararse directamente con la contribución calculada de un solo glaciar. 11
Para planear infraestructura importa además su horizonte de funcionamiento. Una decisión destinada a durar necesita considerar condiciones diferentes de las observadas al construir. El cálculo científico contribuye a explorar esas posibilidades; la selección de una medida requiere evaluar costos, exposición y características del lugar.
Un mapa de exposición tampoco equivale a un recuento de daños futuros. La vulnerabilidad incorpora condiciones que un modelo de hielo no representa y que pueden cambiar con decisiones de planificación.
En la investigación del glaciar, una comparación informativa debe conservar iguales condiciones cuando pretende aislar un mecanismo. Cambiar simultáneamente clima, geometría y representación física dificulta saber qué explica la diferencia. Diseñar contrastes claros permite atribuir mejor el efecto dentro del experimento.
La coincidencia entre modelos tampoco reemplaza las mediciones directas. Varias representaciones pueden compartir una simplificación y producir resultados parecidos. Por eso interesa conocer qué supuestos tienen en común, qué observaciones utilizan y dónde divergen cuando enfrentan información adicional.
Medir procesos poco representados y revisar la estabilidad de los resultados permite reducir incertidumbre sin prometer eliminarla. La utilidad científica aumenta cuando cada nuevo dato ayuda a distinguir entre explicaciones alternativas del mismo comportamiento.
El estudio reciente vuelve visible una pieza física que puede cambiar el cálculo sin resolver todo el futuro del litoral. Su importancia reside en mejorar cómo se representa un proceso y señalar qué debe medirse.
El siguiente avance dependerá de contrastar esas hipótesis con nuevas observaciones del hielo y del océano.
Fuentes y fechas
1. NASA, divulgación del estudio de Thwaites; 20 de octubre de 2026.
4. NASA, Rising Waters; contexto explicativo consultado al corte.
7. NASA, Sea Ice; 16 de septiembre de 2016, contexto físico.
8. NOAA, diferencias entre nivel global y relativo; actualización del 23 de septiembre de 2026.
9. IPCC, AR6, Grupo I, capítulo 12, sección 12.4.6.5; 2021, antecedente.
11. PNUD–INECC, metodología de impactos en territorio insular mexicano; 2016, antecedente.
