Cuando Eric Selbin abandona a su suerte, el discurso de Morena

 Sin Censura.

Por: Víctor R. Hernández G.

El concepto del politólogo Eric Selbin resulta iluminador para entender el momento actual de Morena. Según Selbin, las revoluciones y los proyectos políticos no se sostienen solo con cifras o instituciones, sino con el poder del relato: mitos fundacionales, memoria colectiva y la imitación de modelos exitosos. Ese arsenal narrativo fue durante años el combustible principal de Morena. Hoy, ese relato empieza a agrietarse de manera visible.

El caso más reciente y revelador es el intento del gobierno de Claudia Sheinbaum de imponer un calendario escolar que, en la práctica, entregaba casi tres meses de vacaciones a los alumnos. La medida no se presentó como un error logístico, sino como una conquista democrática: “los padres lo pidieron”. El argumento apelaba directamente al “pueblo bueno y sabio” de la narrativa morenista. La realidad, sin embargo, fue otra: 17.7 millones de mujeres trabajadoras vieron cómo se les complicaba la vida de golpe, mientras la calidad educativa recibía otro golpe severo en un país que ya arrastra rezagos alarmantes.

La presión ciudadana, sobre todo en redes, obligó al gobierno a dar marcha atrás. Ese retroceso no fue una corrección técnica; fue la demostración palpable de que el relato oficial perdió verosimilitud cuando chocó con la vida cotidiana. Aquí se cumple Selbin al revés: cuando la narración deja de ser creíble para quienes supuestamente la protagonizan, pierde fuerza movilizadora.

Los pilares que se resquebrajan

Selbin identifica tres elementos clave en todo relato revolucionario: mito, memoria y mímesis. Morena los ha usado con maestría. El “periodo neoliberal” como mito del mal, la memoria selectiva de agravios pasados y la imitación de la retórica de liberación popular. Pero los hechos recientes muestran fisuras profundas:

  • La memoria como escudo ya no basta. Ante escándalos como el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya —con licencia desde el 2 de mayo tras acusaciones formales del Departamento de Justicia de Estados Unidos por vínculos con el Cártel de Sinaloa—, la respuesta oficial fue el clásico “injerencismo”. Se activa el relato patriótico, pero ya no convence igual cuando las consecuencias jurídicas son reales.
  • El mito de la honestidad (“no robar”) se desmorona ante evidencias repetidas. Las nuevas revelaciones sobre los hijos de Andrés Manuel López Obrador, los contratos y financiamientos opacos, el caso de “La Barredora” en Tabasco —con más de 2,300 millones de pesos desviados— y el huachicol fiscal que sigue dejando boquetes de hasta 125 mil millones anuales, desmienten la superioridad moral que el relato proclamaba.
  • La victimización como estrategia ya huele a defensa desesperada. Cada crítica se atribuye a “las redes”, “la derecha” o “los conservadores”. Sin embargo, cuando el “pueblo” —ese mismo al que se invoca— se indigna por un calendario que afecta su realidad, la narrativa se quiebra.

Del poder del relato al relato del poder

Morena transitó con éxito del relato inspirador al ejercicio del poder. Hoy parece transitar de nuevo: del poder del relato (esperanza, transformación) al relato del poder (defensa, victimización y nacionalismo reactivo). Según Selbin, cuando una historia debe recurrir constantemente a la victimización para justificar errores o encubrir irregularidades, está dejando de movilizar y se convierte en mera herramienta de supervivencia.

El episodio de las vacaciones escolares es emblemático porque desnuda el costo real de priorizar el relato sobre la gestión. No solo se afectó la calidad educativa; se evidenció que el supuesto “pueblo” ya no es un sujeto pasivo que valida todo, sino un actor capaz de obligar rectificaciones.

En este mayo de 2026, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta una realidad más árida: expedientes judiciales abiertos, presiones externas que no se disuelven con retórica y una ciudadanía que, al menos en este tema, demostró que la vida diaria pesa más que cualquier narración sentimental. Cuando el relato se agota, solo quedan los hechos. Y los hechos, por ahora, no favorecen la versión oficial.

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con Víctor Hernández