Pandillas 2.0: cuando la riña comienza en el celular

Sin Censura

Por: Víctor R. Hernández.

Las imágenes del operativo antipandillas en Durango son claras: patrullas, detenciones y jóvenes esposados tras una riña callejera. La policía estatal y municipal ya están actuando. El llamado Operativo Dragón ha dejado decenas de detenciones y envía un mensaje de que la autoridad no está dispuesta a tolerar que el pandillerismo vuelva a apoderarse de las colonias.

Pero hay un detalle que no aparece en las fotografías de los operativos.

Las riñas ya no empiezan en la calle.

Empiezan en el celular.

En el Durango de 2026, el pandillerismo juvenil ha cambiado de forma. Durante décadas, estos grupos se organizaban en las esquinas del barrio, en parques o en canchas deportivas. Hoy el punto de encuentro está en otra parte: grupos de WhatsApp, videos de TikTok y perfiles de Instagram donde se construye una identidad digital que busca reconocimiento dentro del barrio.

Ahí comienza todo.

Un insulto en los comentarios de un video.
Un reto publicado en redes sociales.
Un mensaje que convoca a “defender” una cuadra o un parque.

En cuestión de minutos, una discusión virtual puede convertirse en una pelea real.

Las redes sociales están funcionando como lo que antes eran las bardas grafiteadas: una forma de marcar territorio. Pero con una diferencia fundamental. Mientras el grafiti se quedaba en la colonia, el conflicto digital se propaga en segundos y puede convocar a jóvenes de distintos barrios.

Eso explica por qué algunas riñas recientes en la capital han reunido a decenas de adolescentes en cuestión de minutos.

WhatsApp permite organizarse rápidamente.
TikTok funciona como escaparate.

Los videos con música urbana, poses con machetes o navajas y mensajes de desafío no buscan dinero ni control criminal sofisticado. Buscan algo más simple y más peligroso: estatus dentro del grupo.

El problema es que ese espectáculo digital también se convierte en un mecanismo de reclutamiento. Niños de apenas diez o doce años observan esos contenidos y encuentran en ellos una forma de pertenencia que muchas veces no hallan en casa.

Por eso el pandillerismo actual no puede entenderse sólo como un problema de seguridad pública.

También es un fenómeno de identidad juvenil.

Las autoridades están respondiendo con operativos, detenciones y sanciones para padres de menores involucrados. Es una señal importante de control institucional. Pero la verdadera batalla se está librando en otro terreno: las redes sociales.

Si las riñas comienzan en internet, la prevención también debe empezar ahí.

Monitorear redes abiertas, identificar convocatorias de enfrentamientos y entender la dinámica digital de estas pandillas puede marcar la diferencia entre prevenir un conflicto o llegar cuando la pelea ya ocurrió.

Durango enfrenta hoy un reto distinto al de otras ciudades del norte del país. Aquí no hay guerras entre cárteles ni armas de alto calibre dominando la agenda de seguridad.

El desafío es más silencioso, pero igual de importante.

Evitar que una generación entera aprenda a organizar la violencia desde la pantalla de un teléfono.

La Mirada holística de la Información

En Medio de los Medios

con Víctor Hernández