Morena: El regreso de un terrorista.

Sin Censura

Por: Víctor R. Hernández G.

1- Morena ya no libra una disputa política. Libra una disputa de sobrevivencia

En su columna de ayer en El Financiero, Raymundo Riva Palacio Escribe, en el marco de la rebelión de Marx Arriaga: “En los últimos días, con los datos electorales en la mano, se tomó una decisión que no se socializará públicamente, pero operará de facto. Delgado se convertirá en el presidente de Morena, sin cartera ni anuncios, para poder reorganizar la estrategia electoral y evitar que, como en este momento apuntan los análisis electorales del régimen, se pierda la mayoría calificada en las elecciones legislativas del próximo año y caigan varias gubernaturas. La petición que hizo Delgado para aceptar esa tarea fue que le autorizaran cesar a Arriaga. No hubo duda ni problema”.

La versión que comenzó a circular —primero en columnas nacionales y después confirmada por filtraciones internas— revela algo más profundo que un simple relevo partidista: en Palacio Nacional se analiza seriamente el regreso de Mario Delgado a la dirigencia nacional del partido.

2- No es un cambio administrativo.

Es una señal de crisis.

Cuando un movimiento que presume hegemonía necesita recurrir al pasado para sostener el presente, significa que el futuro se le está desmoronando en las manos.

El partido de la unidad… que se despedaza

Hoy Morena vive lo que todo partido dominante inevitablemente termina viviendo: la lucha por la herencia.

3- Ya no hay adversarios externos suficientes.

El enemigo está dentro.

Grupos enfrentados, tribus en guerra, operadores que se espían entre sí, funcionarios que se acusan mutuamente desde oficinas gubernamentales. La rebelión de cuadros internos —desde el aparato educativo hasta las estructuras territoriales— exhibe lo que durante años se negó: Morena no es un movimiento, es una coalición temporal de ambiciones.

El obradorismo funcionaba porque había un árbitro incuestionable.

Sin árbitro, aparece la naturaleza real del poder.

4- El regreso del operador

La posible vuelta de Mario Delgado no sería nostalgia política.

Sería cirugía de emergencia.

Él fue el arquitecto electoral de la expansión territorial del partido: gubernaturas, Congreso y Presidencia. El operador capaz de alinear intereses incompatibles bajo una sola marca.

Por eso lo consideran.

Pero también por eso sería un riesgo.

Porque traer de regreso al operador implica aceptar que la dirigencia actual perdió control del partido. Y cuando un régimen reconoce que perdió control de su propia estructura, el problema ya no es interno: es estructural.

5- Washington observa

El contexto internacional agrava todo.

Estados Unidos cambió su doctrina de seguridad: financiamiento criminal equivale a terrorismo.

Bajo ese nuevo paradigma, cualquier investigación abierta contra actores políticos mexicanos deja de ser un expediente diplomático para convertirse en asunto de seguridad nacional.

En ese escenario, Morena enfrenta un dilema delicado:

* Si no controla sus facciones → se fractura

* Si las controla con figuras polémicas → se expone

Es la trampa del poder absoluto: cada solución acelera el problema.

6- La pedagogía del poder

El episodio educativo reciente —sublevaciones internas, acusaciones públicas y disputas ideológicas— terminó por revelar algo mayor: el proyecto dejó de ser político para convertirse en doctrinal.

Cuando un gobierno intenta uniformar pensamiento, necesita disciplina interna total.

Pero la disciplina no se decreta: se negocia.

Y Morena ya no negocia; compite consigo mismo.

7- El principio del fin

Los partidos mueren de dos maneras:

por derrota electoral… o por victoria prolongada.

La oposición no está derrotando a Morena.

Morena está derrotando a Morena.

El regreso de su antiguo operador sería la confesión involuntaria de que el movimiento dejó de ser movimiento para convertirse en aparato. Y los aparatos, cuando empiezan a girar sobre sí mismos, terminan triturando a sus propios cuadros.

El poder que no admite pluralidad termina generando facciones.

Las facciones generan paranoia.

Y la paranoia destruye proyectos históricos.

Morena enfrenta hoy su paradoja:

ganó el país… pero perdió la cohesión.

Y cuando un partido necesita salvarse de sí mismo, la alternancia deja de ser una amenaza.

Se vuelve una consecuencia inevitable.

La Mirada holística de la Información

En Medio de los Medios

con Víctor Hernández