El canibalismo morenista

Sin Censura

Por: Víctor R. Hernández.

Hay momentos en la política en los que la oposición no hace falta. El régimen se devora solo.

Eso es exactamente lo que hoy ocurre en la Secretaría de Educación Pública: una guerra intestina donde no discuten proyectos, ni pedagogía, ni resultados educativos… discuten corrupción. Y lo hacen entre ellos. Este fue el episodio del fin de semana, que le siguió al protagonizado por Julio Sherer Ibarra y Jesús Cuevas.

En el caso de la SEP, que es lo que hoy nos ocupa,no es un adversario externo quien acusa.

Tampoco es la prensa crítica quien revela.

No es la oposición quien denuncia.

Es un ideólogo del propio movimiento.

Es el exdirector de Materiales Educativos —el arquitecto de los nuevos libros de texto—, atrincherado desde el viernes en sus oficinas, él es quien acusa a la SEP de ser una institución “profundamente corrupta”. No lo dijo un conservador. No lo dijo un empresario de la mafia del poder. No lo dijo un neoliberal. Lo dijo uno de los más radicales defensores de la llamada transformación educativa.

Y lo dijo después de ser expulsado.

Ahí empieza el verdadero problema político del régimen: cuando los puristas ideológicos terminan denunciando al aparato que ayudaron a construir, lo que emerge no es una disputa administrativa… es una fractura doctrinal.

Porque el conflicto no es personal. Es estructural.

El funcionario despedido acusa traición a los principios, privatización educativa y funcionarios sin escrúpulos. En otras palabras: acusa al gobierno de abandonar su propia narrativa fundacional.

Pero la historia no termina ahí.

El actual titular de Educación (Mario Delgado) arrastra desde hace años señalamientos gravísimos: haber participado, como dirigente partidista, en la operación política para financiar campañas con dinero proveniente del huachicol. No es una columna política, es una acusación contenida en testimonios internos del propio poder. Y Estados Unidos lo tiene documentado.

Y aquí aparece la ironía más cínica del momento político mexicano:

El gobierno que prometió separar al poder político del económico enfrenta ahora acusaciones internas de haber financiado su ascenso con dinero criminal.

Y el movimiento que pretendía moralizar al Estado hoy discute quién dentro de él es más corrupto.

No estamos frente a un escándalo aislado. Estamos frente a un fenómeno histórico: la etapa del canibalismo del poder.

Todos los movimientos hegemónicos atraviesan el mismo ciclo:

Primero, la lucha contra el enemigo externo.

Luego, la concentración total del poder.

Finalmente, la guerra entre facciones.

Morena ha llegado a la tercera fase.

Ya no pelean contra el pasado.

Ahora pelean por el control del presente.

La educación se volvió el campo de batalla porque ahí se define el futuro político del país: quien controle la narrativa histórica controla la legitimidad generacional. Por eso el conflicto no es administrativo; es ideológico y, sobre todo, es de poder.

Lo verdaderamente grave no es si un funcionario exageró su expulsión ni si otro niega vínculos.

Lo grave es que la disputa dejó de ser sobre políticas públicas y pasó a ser sobre delitos.

Cuando un régimen empieza a acusarse a sí mismo de corrupción, financiamiento criminal y traición interna, deja de gobernar para entrar en modo supervivencia.

La transformación ya no combate al sistema de corrupción.

Se convirtió en él.

Y ahora se lo está comiendo desde adentro.

La Mirada holística de la Información

En Medio de los Medios

con Víctor Hernández