Señaló que en México aún no existe un padrón que permita conocer cuántos menores quedaron en la orfandad por feminicidio y respaldó propuestas para darles seguimiento integral.
La presidenta municipal de Gómez Palacio, Betzabé Martínez Arango, compartió uno de los episodios más dolorosos de su vida durante la presentación del libro “Mamá, en tu ausencia ¿Quién por mí?”, encabezada por la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Yasmín Esquivel Mossa.
En su mensaje, la alcaldesa dejó de lado el discurso institucional para hablar desde su experiencia como hija de una víctima de feminicidio, al afirmar que la pérdida de una madre por la violencia transforma para siempre la vida de sus hijos y que el Estado debe brindar acompañamiento permanente a quienes quedan en situación de vulnerabilidad.
Ante representantes del Poder Judicial, autoridades estatales, legisladores, empresarios y organizaciones de mujeres, Martínez Arango dio la bienvenida a la ministra Esquivel, a quien reconoció por impulsar investigaciones y propuestas orientadas a visibilizar a las víctimas indirectas del feminicidio.
Destacó además la importancia de que cada vez más mujeres ocupen espacios de decisión, al considerar que ello fortalece la defensa de los derechos de las mujeres y permite construir instituciones más sensibles frente a la violencia de género.
Experiencia personal y acompañamiento
Durante su intervención, la alcaldesa recordó que tenía apenas 19 años cuando su madre fue asesinada en la puerta de su casa, un hecho que marcó definitivamente su vida. Relató que, además del profundo dolor por la pérdida, tuvo que enfrentar procesos de investigación, diligencias y trámites que, lejos de ofrecer acompañamiento, incrementaron el sufrimiento.
Aseguró que antes de recibir apoyo encontró procedimientos burocráticos, juicios sociales e incluso señalamientos de las propias autoridades, por lo que afirmó que el daño provocado por un feminicidio no termina con una sentencia judicial.
Martínez Arango sostuvo que los hijos de mujeres asesinadas no deben ser considerados únicamente víctimas indirectas, sino víctimas plenas, pues pierden una parte fundamental de su vida y enfrentan consecuencias emocionales, sociales y económicas que pueden extenderse durante años.
Explicó que su propia experiencia le permitió comprender el abandono que viven miles de niñas, niños y adolescentes, muchos de los cuales terminan enfrentando problemas de adicciones o exclusión sin que exista una política pública que les brinde seguimiento. Señaló además que en México ni siquiera se cuenta con un padrón nacional que permita conocer cuántos menores han quedado en la orfandad a causa de un feminicidio.