Sin Censura.
Por: Víctor R. Hernández
Hoy no se anunciará solamente una iniciativa electoral. Hoy se anunciará una nueva arquitectura del poder.
La presidenta Claudia Sheinbaum presentará una reforma que, en el discurso, promete austeridad, reducción de costos y mayor “democracia participativa”. En los hechos, reconfigura el equilibrio institucional a favor de su partido: Morena.
Y lo hace sin tocar lo esencial: la estructura territorial del oficialismo, los 22 mil operadores conocidos como Servidores de la Nación, el uso político de los programas sociales y la maquinaria permanente que no descansa en tiempos no electorales. De igual forma no se toca la alianza electoral entre Morena y los grupos criminales del país.
En cambio, se recorta al árbitro. No al jugador. Veamos algunos elementos:
1- El rediseño: minorías a conveniencia
La Cámara de Diputados seguirá teniendo 500 integrantes.
Pero el mecanismo cambia.
300 diputados serán electos por mayoría en distritos.
200 serán “representantes de minoría”.
De esos 200, 100 serán los mejores segundos lugares en los 300 distritos.
Los otros 100 surgirán de una “Lista Abierta No Bloqueada”.
En apariencia suena democrático: listas abiertas, sin jerarquías, donde cualquiera puede ser votado.
Pero el detalle es quirúrgico: en un escenario donde Morena domina la mayoría de los distritos, el segundo lugar en muchos casos será también Morena o sus aliados. Es decir, el mecanismo permite que quien no gane, aún pueda entrar.
No es una fórmula neutral. Es una fórmula diseñada en un contexto de hegemonía territorial.
El riesgo es claro: se acota la pluralidad real bajo el argumento de eliminar “cuotas partidistas”.
2- El recorte del 25%: austeridad selectiva
La reforma propone reducir en 25% el gasto electoral: prerrogativas de partidos, operación del INE, organismos locales y propaganda.
A primera vista suena razonable.
Pero en materia electoral el presupuesto no es un gasto administrativo ordinario. Es organización de elecciones, padrón, fiscalización en tiempo real, capacitación de funcionarios de casilla, monitoreo de propaganda, defensa jurídica.
Recortar al árbitro no es un ajuste técnico. Es una alteración del balance de poder.
El senador Ricardo Anaya lo sintetizó con crudeza, el sábado que estuvo en Durango:
“El árbitro se debilita. El jugador más poderoso no.”
Cuando el árbitro pierde capacidad técnica, quien gobierna amplía su margen de maniobra.

3- El riesgo estructural
El ex presidente del entonces IFE, Luis Carlos Ugalde, advierte algo aún más delicado: la posible afectación al Servicio Profesional Electoral Nacional.
Si las juntas locales y distritales se convierten en órganos temporales, se elimina el cuerpo técnico permanente que ha dado profesionalismo al sistema electoral.
Organizar elecciones cada tres años con personal contratado de manera eventual abre la puerta a la improvisación… o a la infiltración.
Un árbitro debilitado no siempre grita faltas.
A veces simplemente deja correr el juego.
4- Fiscalización: el espejismo
La iniciativa promete “mayor fiscalización para que no haya dinero malo”.
Pero el financiamiento ilegal rara vez circula por los canales formales.
El dinero debajo de la mesa no pasa por bancos, ni por reportes oficiales.
Recortar auditores, tecnología y capacidad de verificación no fortalece la vigilancia. La reduce.
Y en un entorno donde el partido en el poder cuenta con estructura territorial permanente y programas sociales de enorme alcance, el recorte no es parejo.
La austeridad no es simétrica cuando uno compite con maquinaria gubernamental y el otro con prerrogativas limitadas.
5- Verde y PT: el cálculo incómodo
Las dirigencias del Partido Verde y del PT se retiraron sin acuerdo. La reforma afecta sus intereses: limita su margen de negociación y reduce la utilidad estratégica de las plurinominales.
Morena, en cambio, puede absorber el rediseño con mayor facilidad.
Cuando el partido dominante propone cambiar las reglas, casi nunca pierde.
6- Democracia participativa o plebiscitarismo
La iniciativa también prioriza consultas populares para decisiones relevantes en estados y municipios.
En teoría, ampliar la participación es saludable.
En la práctica, sin contrapesos sólidos y con un árbitro debilitado, la democracia directa puede convertirse en herramienta plebiscitaria del poder Ejecutivo.

La línea es delgada: participación ciudadana o validación masiva de decisiones previamente definidas.
7- El verdadero punto de fondo
La pregunta no es si la elección cuesta mucho.
La pregunta es si el equilibrio institucional se preserva.
Reducir el costo electoral mientras el gobierno federal no reduce su aparato político-territorial no genera igualdad. Amplía brechas.
Recortar al INE no recorta al partido en el poder.
Recortar prerrogativas no elimina la estructura gubernamental que opera 365 días al año.
Y cuando el árbitro pierde capacidad técnica, el poder político gana margen.
La historia latinoamericana demuestra que las democracias no siempre se derrumban con golpes espectaculares. A veces se erosionan con reformas que “suena bien” pero inclinan la cancha.
Hoy no se anuncia solo una reforma.
Se anuncia una nueva correlación de fuerzas.
La pregunta es si estamos ante una modernización institucional…
o ante la consolidación silenciosa de una hegemonía.
Porque en política, cuando el que diseña las reglas es quien ya domina el tablero, la neutralidad rara vez es casual.
Y las reformas nunca son ingenuas.